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Luis Arce Catacora, posesionado como presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, pasó de intentar encauzar un país en crisis política, social y económica, a enfrentar controversias que marcaron el final de su gestión. La confirmación de que su hijo accedió a créditos millonarios del Banco Ganadero y las acusaciones de abandono hacia una directora de la AJAM deterioraron su imagen y acentuaron las divisiones internas del oficialismo. Aun así, en su despedida afirmó que se va “por la puerta grande y con la frente en alto”, frase que refleja su visión personal frente a una sociedad crítica y desencantada.

La cultura política dominante en Bolivia ha sido históricamente un terreno fértil para la polarización y los conflictos, marcada por profundas divisiones sociales, étnicas y regionales. La relación entre el Estado y las distintas comunidades ha estado siempre teñida por tensiones entre el centralismo y las demandas autonómicas, lo que ha perpetuado una cultura política excluyente y fragmentada. A esto se suma la persistente influencia de los partidos políticos tradicionales y el militarismo, que han reforzado prácticas clientelistas y una confrontación constante entre sectores. Esta dinámica ha dificultado la construcción de una cultura política inclusiva y democrática, propiciando enfrentamientos recurrentes en la arena política nacional.

Alizanza con PDC y Lara Abolir el Estado Tranca y Plan 50/50 Capitalismo para todos y Legalización de autos indocumentados Perdedor en las encuestas, ganador en las urnas